Su oposición en el estreno era un Espanyol con muchas caras nuevas y, varias de ellas, muy ilusionantes. Los blanquiazules salieron con Leo Baptistao-Gerard Moreno arriba, pero Jorge ya tenía un plan. Ese plan era divertirse y divertir. Ah, y marcar más goles que el rival. Pablo Sarabia, Vitolo, Kiyotake, el 'Mudo', Vietto y Ben Yedder, todos ellos exponentes atacantes, en un mismo once. Con Mariano y el propio Vitolo con evidente y constante vocación ofensiva por banda, el Sevilla encajaba los contraataques pericos con Mercado, Nico Pareja y, ocasionalmente, N'Zonzi como únicas unidades protectoras del sector defensivo.
0-1, 1-1, 2-1, 2-2, 2-3, 3-3 (al final de la primera mitad), 4-3, 5-3, 6-3 y 6-4. Impresionante vaivén de emociones en la grada, propio de un partido de Premier. Eso sí, en el Pizjuán solo gustaba cuando el equipo ganaba. La falta de efectivos en la zaga preocupaba, pero solamente cuando el equipo estaba por debajo del marcador. Ese va a ser el principal inconveniente de Sampaoli para convencer a la hinchada, que viene de ver como su equipo ha conseguido éxitos mayúsculos sin necesidad de entretener al espectador.
Poca gente confía en el riesgo que podría asumir el técnico argentino si prosiguiera con tal filosofía de juego. Si bien, creo que es necesario plantearse el efecto real que podría producir frecuentar esa consigna. El Sevilla cuenta con un gran potencial ofensivo y con grandes alternativas para diferentes partidos en esa zona del juego, además de dos jugadores que encajan perfectamente para el perfil de pivote ancla (N'Zonzi y Kranevitter) para ayudar a la línea defensiva que, de momento, parece ser el punto débil del estilo.
La cuestión es que Sampaoli está ante una oportunidad magnífica para ser en Nervión lo que ya es en Chile. Y es que la conexión con la grada puede ser mágica. Imaginad ser del equipo que practica el fútbol más vistoso de Europa. Pues eso.
Por: Lluís Fullana (@lluisfullana)
