lunes, 26 de septiembre de 2016

El niño de las fintas

A día de hoy, uno de los destinos más frecuentados por los grandes ojeadores del fútbol europeo lo ubicamos en el Estadio Maksimir, en Zagreb. Más allá de esa característica azul pista de atletismo que rodea el terreno de juego, los aficionados del Dinamo, durante los últimos años, han podido gozar de la inagotable fuente de talento que atesoran las categorías inferiores de su equipo. Estrellas mundiales como Mandzukic y Modric son las actuales figuras representantes de la fábrica que se ha desarrollado en la capital croata. Sin embargo, encontramos varios proyectos de futbolistas que ya militan en ligas importantes que son candidatos a convertirse en los próximos símbolos del actual campeón de la 1. HNL: Brozovic, Halilovic, Kovacic y, más recientemente traspasados, Pjaca y Rog. Todos ellos, talentos en crecimiento. No obstante, el club, a pesar de la marcha de estos dos últimos, ha conseguido retener para esta temporada al que muchos consideran como el adolescente de oro. Él es Ante Coric, el niño de las fintas.

Su historia empieza muy pronto. En 2006, con 9 años, ya se habían filmado partidos del chico, en los que realizaba auténticas virguerías con un balón que le llegaba a la altura de las rodillas. Con 11 años y varios dientes primarios, ya se presentaba ante las cámaras del Red Bull Salzburgo (su equipo previo al Dinamo Zagreb), introduciéndose, haciendo toques con el interior de sus dos botas 'multi-taco' y regateando al aire en medio de un estadio completamente vacío. Un momento significativo en su descubrimiento definitivo se produce cuando, un año exacto después de fichar por el Dinamo (mayo de 2014), el club decide renovarle hasta 2020. Sabían perfectamente lo que estaban haciendo, y con quién. Desde el primer momento, ese chaval del flequillo de tierna apariencia olía a algo 
especial.

Si bien es verdad que hoy en día se hace muy complejo comparar dos futbolistas entre sí, se pueden observar ciertas similitudes entre las virtudes de Coric y las de Iniesta. Además de compartir (a otro nivel, de momento) un exquisito trato de balón, un don para el 'dribbling', una privilegiada visión de juego y una envidiable capacidad para el primer toque, sus posiciones preferidas en el verde coinciden en gran parte. Siendo interiores con características de mediapunta, parten siempre desde izquierda, ya sea como tendencia habitual o como posicionamiento de salida (así lo hizo Iniesta varios años en la Selección). Lo que sorprende de un jugador tan exageradamente joven es la capacidad para controlar la situación casi tan bien como hace con el balón. Es más, su toma de decisiones es bastante más madura de lo normal en adolescentes talentosos, factor que resulta más importante de lo que parece para valorar la magnitud de una joven promesa.

Lo que parece claro es que, inminentemente, va a dar el salto a un grande de Europa. Y eso, hoy en día, puede ser un problema. La ilusión del chaval puede evolucionar en una situación complicada en cuestión de meses, al ver que los mayores están muy por encima suyo y que la apuesta que el club ha hecho por él es otra más. Para el desarrollo del talento de Ante, la confianza en el mismo se antoja como un factor imprescindible y, para ello, tendrá que saber elegir bien su destino más allá del Maksimir. Para el Dinamo, sin embargo, se va a tratar de otro día más en la oficina.

 

Por: Lluís Fullana (@lluisfullana)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Los de azul y negro

Recuerdo cuando, con unos 8 años, mi tío me enseñaba las que, para él, eran las camisetas de fútbol más bonitas del mundo. Cada año se asomaban nuevos modelos entre esa clasificación, pero la primera en esa ficticia tabla siempre era la misma: la del Inter de Milán. Siendo mi tío una de las grandes influencias para mí en esto del fútbol, le hacía caso en todo. A partir de ese momento, la remera nerazzurri siempre ha sido mi favorita. Que más me daba a mí si el Brujas o el Atalanta llevaban esas mismas rayas azules y negras. No era la del Inter, no valía. 

Cuatro años más tarde, "el equipo de la camiseta bonita" se proclamaba campeón de Europa. Fue allí cuando recordé nostálgicamente esas conversaciones con mi tío. Desde entonces, la diminuta trascendencia en el panorama doméstico y europeo de la que ha podido gozar el equipo del Meazza ha hecho desarrollar mi simpatía en indiferencia.

Sin embargo, con Nápoles y Roma debilitados tras el mercado, ¿puede ser el momento del Inter para reaparecer en primera escena europea?. Tras el increíble trabajo de la dirección deportiva durante este verano, debería de ser candidato a ello. El once que puede montar Frank De Boer es muy competitivo. Pero, ahora sí, a nivel mundial.

Samir Handanovic: Bajo mi punto de vista, el mejor portero de la liga y uno de los mejores del mundo. Si no fuese por el esloveno, las últimas temporadas del Inter hubiesen podido acabar en catástrofe. Aún así, erra demasiado con los pies.

Danilo D'Ambrosio: Capaz de lo mejor y de lo peor. Tiene que encontrar constancia en su juego para evitar ser lo que, por ahora, parece ser: uno de los puntos débiles del once. Tener poca competencia puede ser perjudicial para el lateral. Veremos.

Joao Miranda: Contrastado a nivel mundial, tiene poco que demostrar. Ya fue protagonista positivo de la última campaña del equipo. Cada vez más plasma la veteranía en su juego. También puede ser importante su faceta goleadora en acciones a balón parado.

Jeison Murillo: Tiene que controlar más y mejor su temperamento. El ímpetu y la agresividad con la que se emplea en cada una de sus acciones defensivas le juegan malas pasadas (concesión de penales, expulsiones,...). Por lo demás, muy buen proyecto de central.

Cristian Ansaldi: No se esperaba tan buen rendimiento del argentino en Genoa. Ha jugado en izquierda y en derecha, lo que siempre dobla la utilidad de un jugador de banda. Aún así, tiene que confirmar esas buenas sensaciones transmitidas el curso pasado. 

Geoffrey Kondogbia: En Sevilla pintaba para un equipo grande, pero ha preferido evolucionar en equipos algo menores a lo que podemos denominar élite mundial. Igual no le haya hecho bien. Va a ser el 'box to box' del equipo. Tiene que aprovechar algo más su golpeo lejano de zurda.

Gary Medel / Marcelo Brozovic: Representan perfiles antagónicos. Que Medel haya actuado en muchas ocasiones como central y Brozovic como extremo lo dice todo. Para generar asociaciones ofensivas, el chileno deberá cederle el sitio al croata. Sin embargo, ante rivales partidarios de jugar mucho al balón, el 'Pitbull' las tiene todas consigo para ser de la partida.

Éver Banega: Todas las jugadas de ataque van a pasar, sí o sí, por sus botas. Tiene que coger las riendas del equipo en su primera temporada. Para muchos, eso sería un objetivo algo utópico, si bien, el argentino tiene personalidad y calidad de sobra para así hacerlo.

Ivan Perisic: De los mejores extremos de la liga, sin duda. Sus 4 partidos en la última Eurocopa son una delicia. Necesita constancia a la hora de influir en el juego del equipo, ya que desaparece de los partidos con demasiada facilidad. 

Antonio Candreva: Otro que tal baila. Lleva siendo uno de los mejores jugadores de banda del campeonato durante demasiados años como para obtener tan poco reconocimiento. A Icardi le van a gustar mucho los centros que salgan de la bota derecha del de Tor de Cenci. Un genio infravalorado.

Mauro Icardi: Con Gabriel Barbosa y Jovetic esperando su oportunidad en el banco, el argentino tiene que demostrar durante cada fin de semana lo que, en ocasiones, es: uno de los mejores delanteros del campeonato. Los centros de Candreva y Perisic hacia su testa van a ser un recurso muy explotado durante los momentos de atasco asociativo.

Como diría Emery, para sacarles rendimiento a este grupo de jugadores, deben de tener en mente que hay varias alternativas en el banquillo que están muy cerca del nivel necesario para arrebatarles un puesto en el once.  João Mário, 'Gabigol', Jovetic y Éder hubiesen sido titulares poco discutibles en otras versiones no muy lejanas del Inter. Ahora, sin embargo, van a tener que competir muy duro para ganarse la confianza del míster.

Analizada gran parte de la plantilla, hay que reflexionar sobre el trabajo que puede hacer sobre ella el entrenador. A mí, personalmente, el fichaje de Frank De Boer me confunde. Recuerdo pocos casos en los que un míster deja de entrenar en Holanda para hacerlo en Italia. Es alternar una liga en la que los rivales te conceden excesivas facilidades para atacar portería con otra en la que apenas se reciben ocasiones de gol. Además, en Ámsterdam existe una clara filosofía de club: hay que hacer evolucionar correctamente todo el talento que sale de abajo. Esa consigna no es, ni mucho menos, algo que se le vaya a pedir al holandés en Milán, quién va a estar obligado a sacar resultado fin de semana tras fin de semana. Y, si no es mediante una gran actuación colectiva, tendrá que ser a base de oficio e intensidad, algo con lo que el bueno de Frank no está acostumbrado a trabajar.

Veremos si el ex-jugador del Barça podrá hacer frente a todas esas dudas que a mí, por lo menos, me genera su contratación. Hay que añadir que, hoy en día, sería demasiado ambicioso querer pensar en pelearle el título a la Juve, pero el subcampeonato suena, muchos años después, como un objetivo verosímil. Personalmente, que el Inter consiguiera algo grande esta temporada sería una tremenda alegría y, sobre todo, una excusa bien disimulada para entablar una conversación con mi tío sobre qué equipo, después de todos estos años, viste la camiseta más bonita del mundo.



Por Lluís Fullana (@lluisfullana)